CAP 14. No puedes verlos, pero los sentirás.
Ya habian pasado dos obstáculos: las serpientes y el puente del río de lava. Kali y Bea no sabían que encontrarían después, su optimismo se volvía pesimismo en cuestión de segundos, mantenían la esperanza de que lograrían superar cualquier cosa, estaban cerca de ese dichoso cáliz pero las arroz deberían haber puesto trampas peores, dado que si ellas tuvieran que esconderlo, estaba claro que no lo pondrían nada facil.
Vieron que una escalera inmensa de caracol en roca, que les recordaba a la del despacho de
Dumbledore, se alzaba cuyo final no lo encontraban a simple vista. Ambas empezaron a subir peldaño a peldaño, y cuando llevaban un buen rato, se encontraron con un dilema: dos puertas, con una inscripción rúnica en forma de arco sobre ellas.

-Para lo estúpidas que son las arroz, ¡Saben mucho de rúnico por lo que se ve!-comentó Kali. Luego miró a Bea-. Tu eres la experta, cariño, cuando quieras.
-Solo lu sfxxrm tm dfrf fccmso f lf bmrdfd
-¿Qué narices has dicho?
-La f es una a, la m es una e, y la x con el palote mas largo es una n y la g es la x perfecta.
-Solo tu sangre e dara acceso a la verdad-pronunció Kali.
De inmediato, de ambas puertas salió una especie de cuenco...
-Uy que mal rollo me da esto... es magia negra-exclamó Bea.
-Pues si tu vieras el ritual te quedabas muerta, guapa.
-¿Te cortas tu o me corto yo?
Hubo un silencio y Kali le kitó una orquilla a Bea del pelo. Apuntó con la varita y le quemó el extremo. Se pinchó el dedo y derramó unas cuantas gotas en ambos cuencos. Ambos se volvieron hacia donde habían salido, y la puerta de la derecha se abrió, mientras la izquierda estaba inmovil.
-Está claro que es la izquierda, demasiado fácil-dijo Bea cuando se disponía a lanzar un hechizo a la otra puerta para explotarla.
-Es lo que quieren, que pasemos por la izquierda, que no nos fiemos, que nos pique la curisidad. Vayamos por la derecha.
-Kali, ¿estas segura?
-No del todo-sonrió Kali-. Pero a veces lo más sencillo nos resulta insignificante y por ir a más, dejamos pasar la oportunidad.
Ambas pasaron por la puerta derecha. Un largo y estrecho pasillo de suelo de cristal y pared de roca se ofrecía ante ellas. La buena noticia es que no tenían que subir mas peldaños... la mala es que no sabían que les podía deparar ahi.
-No toques la pared, no toques nada-ordenó Kali mientras agarraba la mano de una curiosa Bea que estaba a punto de hacer lo indebido.
Juntas caminaron hasta que Bea sintió algo, se sentía observada. Sintió unos golpecitos y miró al
suelo. Debajo de ellas había unas criaturas horribles, con dientes afilados, con piel de color morado, y un tercer ojo en la frente, que golpeaban el suelo. Bea chilló.
-Estamos en el camino correcto...
-¿Piensas eso ahora? Kali, que como rompan el suelo, estos bichos nos comen....
Bea quiso correr... pero Kali la detuvo.
-Ignoralos...
-Pero Kali, van a romper este cristal...
-Si corremos es mas facil que se rompa que si vamos despacio... vamos, no vayamos recreandonos pero al menos caminemos mas deprisa.
Las dos siguieron caminando, el pasillo que parecía recto, empezaba a manifestar curvas, como si formara la S tipica de una serpiente. Bea no paraba de vigilar a esas criaturas, hasta que Kali se detuvo en seco, y ella le miró.

-Ahi lo tienes.
El caliz de la vehemencia estaba sobre una roca que sobresalía de la pared, junto a ella había una especie de tubos de cristal de color amarillo mostaza con lo que parecían ser fetos o sepa Dios qué fueran. Bea se acercó a una especie de estrella de varias puntas o un simbolo extraño dibujado en el suelo donde quedaban cenizas. Había trozos de papel que no habían sucumbido en las llamas, de color amarillento, ya fuera por contacto del fuego o por el paso del tiempo, por lo que decidió cogerlos todos y guardarlos en la mochila de Kali.
-Si, es buena idea, metelos aqui-ordenó Kali.
-Ve a por el caliz, ¿no?
-Lo voy a traer aqui, pero sin ir ahi.
-¿Accio?
-No, demasiado rápido y precipitado. ¡Wingardium leviosa!
El caliz empezó a ascender flotando en el aire y el suelo empezó a zozobrar.
-Kali, dejate de formalismos... dale accio.
-¡Accio cáliz!-gritó Kali mientras que el objetó fue directo a su mano.
-¿Y ahora que hacemos?
-Muy sencillo-exclamó Kali-. Nos queda lo más facil.
-No entiendo como puedes hablarme así de tranquila cuando esto está a punto de derrumbarse.
Kali sacó de su mochila una cuchara con la boca.
-No me vengas ahora con eso, Kali, ¡que estamos a punto de morir!
-Nunca subestimes el poder de una cuchara. A la de tres, cogela conmigo. Uno, dos y tres...
La cuchara era un trasladador. Bea ni por asomo imaginaría tal cosa. Juntas llegaron teletransportadas al despacho de Dumbledore. No había ni rastro de él, y un estudiante que estaba presente se quedó impresionado ante su llegada.
-¿Cómo habeis hecho eso? ¿De donde venis? ¿Quienes sois vosotras?
Bea y Kali se sintieron incomodas. Tenían el caliz, y aparte, Kali no habia tomado la poción multijugos para aparentar ser otra persona, dado que en el castillo no le haría falta. No sabían si ese chico era de fiar, se fijaron que era de primer curso y llevaba la corbata y el escudo de Hufflepuff. Dudaron si era un arroz, dado que no les resultaba conocido, pero si estaba en el despacho de Dumbledore, podría estar fisgoneando o mas bien, esperarle porque le habría mandado llamar.
-¿Estais bien?
-¿Qué haces aqui?-preguntó Kali.
-Lo mismo podría preguntaros a vosotras-contestó el chico, mientras Kali y Bea se miraban.
-¿Quienes sois?
-Yo soy Bea, ella es... Eanara...-declaró Bea.
De pronto escucharon ruido: alguien subía la escalera que conducía al despacho de Dumbledore y curiosamente pronto supieron que no era él.
-Lalala Calamares... trolles y trollas, castigados todos...
Bea y Kali se miraron: era Casper Porker. Si ese intento de profesor las descubría allí, haría preguntas... habían faltado a su clase varias veces y preguntaría quien era Kali.
-¿Por qué estais nerviosas? ¿Qué habeis hecho?-preguntó el chico.
-Nada-dijo Bea-. Pero no puede vernos.
-Está bien, esconderos... yo me libraré de él. Me debeis una.
Kali y Bea se escondieron detrás de la puerta. Casper Porker la abrió y afortunadamente no se percató de que estaban ahi.
-Hellou Borja Black.
-Hola profesor Porker.
-¿Estas esperando a Dumbledore? Lalala
-Si, pero por lo que se ve, estará en otros quehaceres mas importantes, el director se merece su tiempo de ocio.
-Jajaja mori con eso mori con eso lalala
-Llevo aqui un buen rato y no aparece. Oye, ¿y si nos vamos al McDonald ese que está junto al invernadero?
-Muy buena idea lalala Borja Black. Happy meal, papas, Navidad... el nene que va a nacer, tiempos de felicidad y alegria... la magia está en nosotros, afiliate a mi club... lalala
-Si, si, todo eso, luego venimos.
Borja Black se acercó a la puerta y bajó con el profesor Porker rumbo al Mcdonald. Una vez que se marcharon, Bea y Kali salieron de su escondite.
-Por poco-exclamaron las dos.
****
Lord_Chris junto a ese misterioso halcón llegó a la mansión Burgonson. Isi lo recibió con un abrazo, y agradeció que Dumbledore le hubiera dejado pasar la Navidad con ella, como siempre habian estado juntos salvo el verano.
Isi le había preparado su cuarto, y le dejó solo mientras jugaba acariciandole el pico al halcon.
Lord_Chris resopló mientras se sentaba en la cama. Habían pasado muchas cosas desde que llego a Hogwarts, desde las ultimas Navidades que estuvo ahi... ya no le preocupaba no terminar sus deberes o dejar de estudiar, ahora tenía que detener a Nainfita Peines. La había vigilado, se había alejado de los suyos para protegerlos, pero confiaba en Jenia, que le ponía al corriente de todo. Pero sabía que tanto Jenia como Kali corrían peligros, muchos, por meterse en una guerra voluntariamente, donde él estaba obligado. No tendría nada que ofrecerles en gratitud por su ayuda.
Pensó en Nainfita, sabía que era una asesina... sabía que al igual que Camelia, no era tan tonta. Tarde o temprano, si es que no lo sabían ya, se enterarían que siempre había sido leal a los Pervers. No obstante, a principio de año se celebraría una manifestación arroz y tenia que asistir. Empezó a pensar en posibilidades para poder colarse y estar presente. Las arroz eran muy curiosas, discretas con la información, pero había alguna que otra tonta distraida a la que poder sacarle todo lo que supiera.

Empezó a sentir frío, y se dispuso a cerrar la ventana. Notó como el suelo se helaba, como si una nublecina de hielo lo cubriera todo.
Sentía tristeza, una mezcla de melancolía, como si la esperanza se le esfumara.
Estaba en pleno Diciembre, pero esa sensación jamás la había sentido nunca.
Era algo extraño, sentía una presencia, pero él solo estaba ahi. Poco a poco se giró, moviendo lentamente la cabeza para saciar su curiosidad y encontró a un gran ser, putrefacto, de negro, con capucha... sus manos eran grises, viscosas y con pústulas.
Le había pillado de sorpresa, e intentó escapar, pero solo pudo desmayarse preso del pánico. Lord_Chris quedó vulnerable a la voluntad de ese dementor que se había infiltrado en pleno París, y sin saberlo, muchos mas comenzaban a colarse por la ventana.
FIN LIBRO IV.
CONTINUA EN LIBRO V.
PERGAMINO DE UNA OBSESIÓN
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